Fin de termporada en los Hamptons
Desde hace algún tiempo ya no basta con poseer un apartamento con vistas sobre Central Park en el Upper East (o West) Side para demostrar al mundo que has triunfado. No. Eso ya no es suficiente. Es condición necesaria, pero no suficiente. Para ser verdaderamente ALGUIEN en Nueva York has de ser propietario de alguna villa en los Hamptons. Una zona residencial playera a unos cuantos kilómetros de Manhattan. Ahora no tengo tiempo para ponerme explicar las diferncias (que son muchas y sustanciales) entre veranear en East Hampton o South Hampton, pero sí diré que se trata del lugar de recreo predilecto de las celebridades más adineradas de la ciudad. Para la mayoría, los Hamptons son sinónimo de diversión y frivolidad sofisticadas: un edén de casas de 40 millones de euros, bordeado por playas inmaculadas y cuidados campos de golf. Las revistas de sociedad estadounidenses promueven esa imagen, al mostrar a personajes como Calvin Klein, Ronald Perelman y su esposa, Ellen Barkin; Ralph Lauren, Steven Spielberg, Jerry Seinfeld, Martha Stewart y Kurt Vonnegut bien bronceados y con una copa de champaña en la mano en una serie interminable de partidas de polo, casas piloto de diseño, regatas y otros actos benéficos.
Por eso me parece fundamental reseñar la celebración del la fiesta que ha supuesto el fin de la temporada veraniega en este lugar, auténtico epicentro social de la costa este norteamericana.




Señora Nostalgia dijo
Pues todo el mundo luce muy sonriente, muy bonito (en especial la familia), y en apariencia muy feliz. Me pregunto si tienen también algo de "cacúmen" en el cerebro. NOOOO, QUÉ PEREZA, a estas alturas del partido y uno todavía compitiendo "to put up with the Jones"? No sabe la gente frívola de lo que se pierde de la vida por vivirla prisionero de tantas ataduras sociales. Pilas! que eres joven y guapo y una pizca de frivolidad no le viene mal a nadie, pero en exceso termina por amargarte la receta. Madeleine
26 Septiembre 2006 | 04:54 PM